En la bodega —la planta baja— de una casa de la calle Alta vivían Tío Mechelín y Tía Sidora. El matrimonio no tuvo hijos y compartía aquel espacio con sus aparejos de pesca.
Una mujer de la calle Alta
Pereda describe a Sidora como una mujer «bajita y rechoncha, vestida con aseo aunque con pobreza, con el pañuelo colocado a la cofia sobre el pelo». Era curandera y comadrona a ratos, y «nadie celebraba como ella las gracias de su marido».
«Vestida con aseo aunque con pobreza, con el pañuelo colocado a la cofia sobre el pelo.»
La novela la presenta junto a Mechelín, en una casa humilde del Santander marinero. No ocupa el centro del relato, pero forma parte de ese mundo cotidiano en el que también había que cuidar, atender y sostener la vida de cada día.
Tío Mechelín, el pescador de corazón limpio
Su marido en la novela y su compañero inseparable en la bodega: el marinero humilde que pidió «mano y autoridad» para defender a Silda y dio nombre a una de las calles más queridas del barrio.
Conocer la historia de Tío Mechelín →
«Siquiera hasta mañana»
Cuando Silda huyó del maltrato de los Mocejón, Mechelín y Sidora encontraron sitio para ella. La acogieron «siquiera hasta mañana»; aquel mañana terminó convirtiéndose en un hogar.
Junto a su marido, Sidora abrió la puerta de la bodega a una muchacha que necesitaba protección. Mechelín no quiso cobrar dinero por cuidarla: pidió «mano y autoridad» para poder defenderla.
Primero fue «siquiera hasta mañana». Después, aquella casa se convirtió en el hogar de Silda.
🧵 Hilo de Barrio
Sin calle, pero con huella
Tía Sidora no tiene calle ni placa en el Barrio Pesquero, pero su huella es la de tantas mujeres del barrio: las que sostenían la casa mientras los hombres estaban en la mar, y las que hacían sitio —siempre— donde parecía no haberlo.
Porque hay memorias que no necesitan una calle con su nombre.
La señora Alianza, la que curaba con las manos
Comadrona y manos que curaban: en el número 7 de la Plaza de los Cabildos, la puerta de la señora Alianza estuvo abierta durante décadas, a cualquier hora, para quien llegara con un hueso mal puesto o un niño a punto de nacer.
Leer la historia de la señora Alianza →