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⛵ Valentín “El Chispero”

📖 Miércoles 10 de junio de 2026 · Canal de WhatsApp
Valentín 'El Chispero' en el asador de La Chulilla, preparando sardinas

Valentín en el asador de La Chulilla, preparando sus famosas sardinas. Foto cedida por la familia.

Valentín “El Chispero” fue de esas personas difíciles de resumir porque vivió muchas vidas en una: pescador, marino mercante, hostelero, presidente vecinal, y sobre todo, un hombre de barrio con una habilidad especial para tejer relaciones y conseguir cosas.

No todos los que llegaron al Barrio Pesquero desde Puertochico se quedaron en la mar toda la vida. Valentín pasó de navegar al asador.

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De la mar al asador

Valentín empezó siendo pescador, como tantos en el barrio. La mar fue su primera escuela, y en ella aprendió el oficio que durante generaciones sostuvo a las familias del Pesquero.

Valentín 'El Chispero' de joven, cuando era pescador

Valentín de joven, en sus tiempos de pescador. Foto cedida por la familia.

Pero Valentín quería más. Marchó a la marina mercante, y eso le cambió la vida. Salió de Santander, atravesó océanos, conoció puertos y gentes de medio mundo. No era fácil: largas temporadas fuera, semanas sin ver tierra, viviendo al ritmo de las mareas y las escalas. Pero el barrio siempre tira. Por mucho que uno navegue, hay un puerto al que siempre se vuelve. Y Valentín volvió.

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El Restaurante La Chulilla

A finales de los años 60, Valentín y su mujer Guadalupe Pérez —a quien todos conocían en el barrio como “La Chulilla”fundaron el Restaurante La Chulilla. Lo que empezó como un pequeño negocio terminó siendo emblemático del Barrio Pesquero, un nombre conocido por todos que, con otros dueños, sigue funcionando hoy en día.

Valentín no era un hombre de carrera universitaria, pero estaba instruido más que la media de su generación. Tenía una habilidad especial para las relaciones. Por La Chulilla se veía pasar a gente de todo tipo: desde vecinos del barrio hasta figuras conocidas de Santander. Entre las amistades que se sentaban en sus mesas —y que Mario, su sobrino, recuerda haber conocido allí— destacaban Eulalio Ferrer, publicista y filántropo de origen santanderino; José Hierro, el gran poeta cántabro; y también Marcos Alonso y otros propietarios de negocios y empresas de la ciudad. Todos los veranos volvían a cenar al restaurante, una y otra vez.

Valentín se ocupaba del asador. Un asador de carbón situado en la calle, siguiendo el camino abierto por su amigo “Agustín Peña “Peñuca”” en el famoso restaurante “Los Peñucas”. Sus especialidades: sardinas asadas y bonito asado. Ese olor a brasa y pescado se colaba por las calles del Pesquero y era la mejor carta de presentación del restaurante.

Valentín y Guadalupe 'La Chulilla' en la cocina del restaurante

Valentín y Guadalupe “La Chulilla” en el restaurante. Foto cedida por la familia.

Y en verano, la época de más trabajo del año, el restaurante era cosa de familia. Los hijos de Valentín y Guadalupe, junto con nueras y yernos, se volcaban con el negocio. Al propio Mario le tocó currar allí dos o tres veranos. La Chulilla no era solo un negocio: era el punto de encuentro de toda una familia.

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La lucha por las viviendas del barrio

Pero Valentín no fue solo hostelero. Cuando el barrio lo necesitó, él estuvo. Fue presidente de la Asociación de Vecinos Sotileza del Barrio Pesquero en una época crítica para todos los vecinos, y participó activamente en las gestiones.

El barrio entero amenazaba ruina. Los tejados de todas las viviendas estaban en mal estado, y los vecinos, que pagaban un alquiler a la Cofradía de Pescadores de Santander, vivían con la incertidumbre de no saber si sus casas iban a aguantar. La AAVV, con el trabajo de muchos, logró dos hitos históricos:

Aquella lucha cambió la vida del Pesquero. De ser inquilinos pasaron a ser propietarios de sus casas. Valentín puso su granito de arena, como tantos otros vecinos que trabajaron para que el barrio saliera adelante.

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El Parque de la Pescadora

Pero hubo otra batalla importante. Cuando cerró la carbonería grande, a la Autoridad Portuaria de Santander se le ocurrió construir un almacén de cajas de pescado en ese lugar. Los vecinos se movilizaron. La lucha, que tuvo a las mujeres del barrio como protagonistas principales —y así se recoge en la historia del Parque de la Pescadora—, contó con un aliado decisivo en la sombra.

Valentín y La Chulilla, a través de su amistad con varios dirigentes del PSOE en Cantabria (Jaime Blanco y Rosa Inés García), consiguieron implicar a la ministra de Asuntos Sociales, Matilde Fernández. En el momento álgido de las protestas y movilizaciones vecinales, fue la ministra quien convenció al presidente de la Autoridad Portuaria de Santander, el nefasto Pesquera, para que paralizara el proyecto del almacén.

El resultado: la Autoridad Portuaria abandonó el proyecto de almacén de cajas y en su lugar construyó el Parque de la Pescadora, ese pulmón verde que hoy todos conocemos y que lleva el nombre de las mujeres del barrio que alzaron la voz.

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Legado

Valentín “El Chispero” fue todo eso: pescador, mercante, hostelero, presidente vecinal, amigo de poetas, empresarios y políticos, luchador incansable por su barrio. Un marinero que recorrió mundo y acabó siendo un maestro del asador, en su propio negocio, en su barrio, con los suyos.

“Un marinero que recorrió mundo y acabó siendo un maestro del asador, en su propio negocio, en su barrio, con los suyos.”

📸 Foto cedida por la familia con permiso para publicar.

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