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🐟 Subastando con el reloj viejo

Domingo 21 de junio de 2026

Subasta en la lonja de pescados de Santander con el reloj viejo. Juan Torropi como subastador, Monchu y El Manquín como interventores, José Luis Isa como repartidor.

La subasta en la lonja de Marqués de la Hermida. Años 70.

Inaugurada en 1952, la lonja de pescados situada en Marqués de la Hermida y gestionada por la Cofradía de Pescadores, realizaba la subasta del pescado desembarcado en Santander. La subasta se realizaba mediante un sistema que en mis años de empleado de la Cofradía le decíamos "el reloj viejo"; los ordenadores no llegaron hasta la década de los 80.

¿Cómo funcionaba la subasta?

Las partes del reloj

Panel del reloj de la subasta con sus elementos numerados e indicados sobre la foto original.

Elementos del reloj de la subasta indicados sobre la foto original.

El Subastador

El subastador se situaba al centro y, a sus lados, dos interventores. Cuando un lote de pescado salía a subasta, el reloj marcaba un precio de salida y comenzaba a bajar. Los compradores seguían la rula en silencio, esperando el momento justo. El primero en apretar su pulsador aparecía con su número de folio de comprador en la pequeña pantalla de la parte superior izquierda; el subastador en su panel de control también tenía indicado el número de comprador que pulsó primero, cantaba el número de comprador y decía su "alias o apodo". El comprador indicaba con un gesto o de palabra si se quedaba con todo el lote o el número de cajas que compraba.

Si no se quedaba con todo, el subastador daba opción al siguiente comprador. Si quedaba pescado por asignar y no había más compradores en el panel, el subastador decía "siga la venta" y el reloj reiniciaba la subasta bajando la cantidad. Los compradores, cuando veían un precio que les interesaba, paraban la rula y pedían. En el caso de que el precio bajase y bajase sin compradores interesados, el vendedor (el barco) podía parar la rula y retirar el lote de la subasta.

La labor de los interventores

Ramón Alonso "Monchu" (interventor de la derecha del subastador): su misión era anotar en las hojas del Libro de Intervención todos los nombres de los compradores por cajas y/o kilos (o arrobas de bonito) y el precio al que lo compraban. Esa nota de Intervención se la entregaba al repartidor del pescado, que se encontraba en la exposición de la cancha. El repartidor bajaba a la cancha, nombraba a cada comprador que aparecía en la nota y entregaba el pescado que habían comprado a través de la subasta.

José Luis Trueba "El Manquín" (interventor de la izquierda del subastador): además de dejar constancia de los compradores codificados numéricamente y las cajas de pescado que habían comprado, realizaba las operaciones: multiplicar los kilos del pescado comprado por el precio de compra, calculando así el coste de cada compra de inmediato.

"El de la derecha del subastador (que soy yo) anotaba en las hojas del libro de Intervención todos los nombres de los compradores que compraban por cajas y/o kilos y el precio al que lo compraban. Esa nota se la entregaba al repartidor del pescado que se había vendido a través de la subasta."

— Ramón Alonso "Monchu", antiguo empleado de la Cofradía de Pescadores de Santander

El repartidor y los pesadores

El pescado de la subasta podía tener dos orígenes, barcos de bajura o barcos de altura.

Bajura: Los vendedores de los barcos colocaban su pescado en la cancha de la sala de subastas, a la vista del subastador y de los compradores. Se subastaba y luego el personal del barco lo pasaba a la zona de básculas de la cancha grande. En las básculas había un empleado de la Cofradía, el vendedor del barco le entregaba una copia de la nota del interventor. El pesador, siguiendo el orden de la nota, iba pesando y entregando a cada comprador sus lotes.

Altura: El pescado es expuesto en la cancha grande por el personal de cada barco. En filas de cajas, colocado por especies y tamaños, también por calidad. El pescado ya está pesado. El vendedor del barco le indica al subastador lo que tiene expuesto en la cancha, partida por partida el pescado es subastado. Los interventores toman nota del resultado de la subasta. Una copia del resultado se entrega al repartidor de la Cofradía que de la subasta pasa a la cancha grande y a voz en grito va cantando partida por partida quién lo ha comprado; el personal del barco entrega el pescado a cada comprador siguiendo las órdenes del repartidor de la Cofradía.

No valía dudar. Si esperabas demasiado, otro se adelantaba. Si pujabas muy pronto, pagabas más de la cuenta. El pulso y la experiencia del comprador decidían el precio justo.
Vista de la sala de subastas desde el lado de los compradores, sentados en las gradas siguiendo la rula.

La sala de subastas desde el lado de los compradores.

Los protagonistas

En la foto de comienzos de los 70 vemos a Juan "Torropi" como subastador, con Ramón Alonso "Monchu" y José Luis Trueba "El Manquín" como interventores. José Luis Isa, que también aparece en la foto, era el repartidor. Ellos eran los encargados de que todo funcionara en la subasta de ese día.

Así se vendió el pescado durante décadas, hasta que llegaron los primeros ordenadores en los años 80. El sistema cambió en parte: las manecillas y las luces del reloj viejo se cambiaron por un terminal de ordenador que manejaba el subastador; los paneles de la pared se cambiaron por dos pantallas de TV. Solo había un interventor, haciendo lo que antes hacían dos. El resto —los compradores, el repartidor— todo siguió igual.

Hoy el reloj viejo sigue colgado en una pared de la lonja actual. Ya no marca lotes, pero mira a quienes todavía recuerdan cómo se vendía el pescado a golpe de manecilla.

📸 Fuentes fotográficas:
1. Archivo personal de la familia Graña y Pérez.
2. Fotografías cedidas por vecinos del barrio a este proyecto.
3. Grupo de Facebook "Fotografías Barrio Pesquero Santander", creado por Roque Videchea.
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