Paseo Alberto Pico
Un nombre escrito en el propio barrio
El Paseo Alberto Pico no es solo un lugar más del Barrio Pesquero ni una calle con nombre propio puesta por cumplir. Es una forma de dejar escrita, en el propio barrio, la memoria de una persona muy querida y muy presente todavía en el recuerdo de los vecinos del barrio.
Don Alberto
Hablar de Alberto Pico, Don Alberto, no es hablar solo de un cura. Es hablar de una manera de estar con la gente. De una persona muy cercana, buena, humana de verdad, de esas que no necesitaban levantar la voz para hacerse respetar ni hacerse notar para dejar huella.
Quienes le conocieron no suelen recordarle por grandes discursos, sino por algo más importante: por cómo trataba a las personas. Por cómo estaba siempre allá donde había un parroquiano que le necesitaba. Por cómo ayudaba: no tenía nada suyo; si necesitabas algo y lo tenía, te lo daba. Por esa forma suya de estar próximo al que lo pasaba mal sin juzgarle, respetando su dignidad y sin hacer teatro.
Un borde del barrio con memoria marinera
El lugar que hoy conocemos como Paseo Alberto Pico también guarda memoria propia. Mucho antes de llevar ese nombre, este borde del barrio estaba ligado al trabajo de la mar, a la dársena y a los secaderos de redes de pesca. Por eso esta página no habla solo de una persona, sino también de un paisaje humano y marinero que forma parte del Barrio Pesquero más auténtico.
Un homenaje con raíz
Que hoy exista un paseo con su nombre no debería entenderse como un simple homenaje oficial. Es más bien una manera de reconocer, en el propio paisaje del barrio, a alguien que formó parte de su alma moral y humana. Dejar su nombre ahí es una forma de decir que hay personas que no solo pasan por un sitio, sino que ayudan a sostenerlo. Alberto Pico siempre será parte fundamental de la historia del Barrio Pesquero.