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Las Llamadoras

Antes de los móviles, el reloj del pescador era la voz de una mujer

Antes de que existieran los teléfonos móviles, las alarmas programadas o que hubiera un teléfono fijo en cada hogar, el mar y el clima eran los que marcaban los horarios de los pescadores en el Barrio Pesquero. Cuando el patrón decidía que era el momento de salir a faenar, establecía una hora de partida y la tripulación tenía que estar en el barco a esa hora. Eran tiempos en los que casi el 100% de los marineros vivían en el Barrio Pesquero.

Ahí entraba en juego una figura fundamental y exclusiva de nuestro entorno: la llamadora.

La secuencia del oficio

1. El encargo del patrón
Viñeta 1: El patrón comunica el encargo a la llamadora

La llamadora, fuera del barco, era el enlace entre el patrón y la tripulación. Todo empezaba en la bodega (almacén de aparejos y útiles), donde el patrón le comunicaba cuándo saldría el barco a faenar. También podía ser una convocatoria para que la tripulación se presentase en la bodega a cambiar el arte (aparejo de pesca) o meter uno nuevo.

2. La llamada desde la calle
Viñeta 2: La llamadora desde la calle

Con la instrucción recibida, la llamadora preparaba la lista y organizaba una ruta por las calles del barrio. Desde la calle, situada bajo la ventana del domicilio del marinero, gritaba su nombre hasta que alguien se asomaba. No llamaba puerta por puerta ni golpeaba ventanas: su voz era el aviso.

3. La hora de salida
Viñeta 3: La hora de salida

"¡Fulano, a las 4 a la mar!" Comunicaba la hora exacta que el patrón había fijado y se cercioraba de que el mensaje había llegado bien. Cada marinero sabía a qué hora y por qué. No valía un «no me enteré». Confirmaba que se habían enterado y ponía rumbo al siguiente domicilio.

4. La segunda vuelta
Viñeta 4: La segunda vuelta

Cuando se acercaba la hora fijada, la llamadora volvía a pasar casa por casa y verificaba que el marinero había salido ya camino del barco o estaba por salir. No podía faltar nadie.

5. La tripulación embarca
Viñeta 5: Los marineros embarcan

Los marineros llegaban al puerto y subían a bordo. La labor de la llamadora estaba cumplida: todos estaban en su puesto para pertrechar el barco y dejarlo listo para salir a faenar.

6. Ayuda en tierra
Viñeta 6: Ayuda en tierra

Antes de la partida, la llamadora ayudaba a la muchacha del barco con los víveres y las cajas destinadas al pescado. Igualmente ayudaba cuando el barco entraba con pescado que había que subastar en la lonja. El oficio no terminaba con el último aviso.

7. El barco sale a la mar
Viñeta 7: El barco sale a la mar

Con la tripulación y lo necesario a bordo, el pesquero zarpaba. La llamadora se quedaba en tierra, pero sin ella aquello no habría sido posible.

8. Despedida y homenaje
Viñeta 8: Despedida y homenaje

Reconocimiento a unas mujeres cuyo trabajo era fundamental para que los barcos pudieran salir a faenar.

El ocaso de un oficio

Con el paso del tiempo, la modernización dictó el fin de esta tradición. El primer gran cambio llegó con la instalación de teléfonos fijos en las viviendas y la dispersión geográfica de las tripulaciones. Muchos marineros dejaron de residir en el Barrio Pesquero, haciendo imposible que la llamadora pudiera acudir físicamente a cada domicilio. Durante unos años de transición, el oficio se adaptó al teléfono: llamaban a los números que los marineros facilitaban (el suyo propio o el de algún vecino de confianza que les diera el recado).

Los pesqueros se fueron organizando mejor. Los patrones empezaron a fijar la hora de salida al terminar la faena del día o durante la partija semanal. La llegada definitiva de los teléfonos móviles y las agendas electrónicas hizo que la figura de la llamadora ya no fuera necesaria. Finalmente, buscando recortar gastos, los armadores suprimieron el puesto para ahorrarse esa media soldada.

Pero la voz de aquellas mujeres todavía resuena en la memoria de la gente del barrio.

Memoria viva

Cada barco tenía su llamadora. Rescatamos algunos nombres de llamadoras que trabajaron en las décadas de los 70 y 80:

Sabemos que en esta lista faltan muchísimas mujeres, especialmente las de las generaciones más antiguas, cuyos nombres corren el riesgo de perderse en el olvido. Esta página es un homenaje a todas ellas. Si recuerdas a una llamadora de tu familia o de tu portal, comparte su nombre. Esta web también es su sitio.

Fuentes: Testimonios vecinales y memoria oral del Barrio Pesquero de Santander.
Autor: José Mario Graña Pérez, hijo de una llamadora.
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