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📖 Las Huellas de Sotileza

Lola «La Rajona»

La casa donde cabíamos todos

Historia real de la Plaza de Muergo
Retrato de Lola «La Rajona»

Hay historias que nacen en los libros y otras que se escriben solas, en las aceras y en los portales. La de Lola "La Rajona" es de las segundas: una mujer de carácter que llegó al Barrio Pesquero en 1943, desde la calle Tetuán, y se convirtió en una de sus vecinas más queridas, respetadas y recordadas.

Tras el final de la "Guerra Civil" los tiempos eran muy difíciles. Pepe, pescador de profesión, a duras penas ganaba para mantener a su familia: había que buscarse la vida con el estraperlo o lo que fuera, con la ley encima. Sobrevivir.


Del portalón a la Plaza de Muergo

Lola (Dolores Muriedas Martínez) llegó al barrio en 1943. Sus primeros años los pasó en el "portalón" de la Plaza de los Cabildos, pero su casa de toda la vida, la de verdad, fue la Plaza de Muergo, número 5 — la misma plaza que hoy guarda su memoria y la de tantos otros vecinos.

Lola y Pepe todavía no tenían hijos cuando vivían en el portalón, una vivienda pequeña para alguien que quería tener familia. A Lola le surgió la oportunidad de hacer una permuta con una viuda llamada Eva, que vivía en el número 5 de la Plaza de Muergo y no tenía hijos: Eva prefería una vivienda más pequeña y Lola vio la oportunidad. Hubo algún problema para llevar a buen término el trato, pero nada que Lola, con su personalidad y su fuerza, no pudiera arreglar. Estaba hecho: Lola y Pepe empezaron a vivir en la Plaza de Muergo.

Lola trabajó mucho y tuvo varios oficios: fue pescatera vendiendo pescado, y conservamos su carnet de la Junta de Obras del Puerto que la autorizaba a operar en la Lonja. También fue muchacha en el barco de su marido Pepe Montequín, «El Barquereño». Hacía de todo: limpiaba las redes del barco cuando llegaban llenas de caloca (lo hacía en la zona de la carbonería, no tenían bodega propia), también era la llamadora, hacía los víveres, limpiaba las cajas, vendía el pescado en la subasta de la Lonja y gestionaba su casa. La historia de muchas mujeres del Barrio Pesquero durante muchos años.

Carnet de compradora de pescado en la Lonja de Dolores Muriedas Martínez
Carnet de comprador de pescado en la Lonja, a favor de Dolores Muriedas Martínez — Santander, 14 de agosto de 1952.

Una casa abierta al barrio

Pero lo que hacía especial a Lola no era solo lo que trabajaba: era su casa. La casa del número 5 de la Plaza de Muergo era un centro de reunión, una casa de acogida. Allí todo el mundo era bien recibido: vecinos, conocidos, un recién llegado al barrio que no tenía donde ir... Y lo que había, poco o mucho, Lola lo compartía. Nunca cerraba la puerta a nadie. Y la familia fue llegando: primero Pepín, luego Eduardo, Irene y El Titas.

Lola y Pepe con todos sus hijos y sus nueras
Lola y Pepe con todos sus hijos y sus nueras.

Yo recuerdo subir a casa de "La Rajona" muchas veces. Bien cuando iba con su nieto José, o cuando llegaba a mi casa y no había nadie: si mi madre no estaba en casa y no estaba trabajando, ¿dónde podría estar? En casa de "La Rajona", no fallaba. Yo subía, llamaba a la puerta, y me podía abrir Lola, Pepe, Irene, o... "¿Vienes buscando a tu madre?" — "Aquí está, anda entra". Y yo entraba: Pepe en su habitación viendo la tele y fumando, su cartón de Celtas en la mesita; en la cocina, José (el nieto) preparándose un tazón de sopas (leche con galletas); en el salón, Lola, Irene, mi madre, la Juana (tía de Lola), la Dolores (sobrina)... de tertulia, tomando café. En otras habitaciones podían estar Miguel Ángel, el Titas con su primo Tito... En cuanto me veía la Lola: "¿Qué vienes buscando a tu madre? Que no se pierde". Mi madre me cuenta que una vez me enfadé con ella, que no le hablaba porque me dijo un día que mi madre se había echado un novio.

Esa generosidad era tan conocida como su carácter: la misma mujer que abría su casa a todo el barrio era la que no se dejaba pisar por nadie. Compartir lo suyo y defender lo de los suyos eran las dos caras de la misma moneda.

Lola «La Rajona» y su marido Pepe Montequín
Lola y su marido Pepe Montequín, armador de «El Barquereño».

La hoguera de San Juan y la leyenda de «La Rajona»

Cuentan que un año, por San Juan, el barrio montó su hoguera sin tener los permisos de la autoridad competente. Se formó un follón, alguien llamó a la policía y Don Alberto salió a mediar. Los agentes, al parecer, tenían muy malas pulgas, "venían de chulos", y a Don Alberto lo increparon e incluso quisieron pegarle. La gente del barrio se echó encima de los policías y de los bomberos que venían a apagar el fuego.

Y aquí empieza la leyenda de "La Rajona": cuando Lola vio que querían agredir a Don Alberto, bajó de su casa con un cuchillo y rajó las ruedas del camión de los bomberos. Se caldearon mucho los ánimos y puede que algunos policías acabaran en el mar. Desde entonces, para todo el barrio, fue "La Rajona".

Jose, nieto mayor de Lola, conocido como El Rajón
Foto de Jose, nieto mayor de Lola, pescador de profesión y el que ha heredado el mote de su abuela, desde chaval se le conoce en el barrio como "El Rajón".

No se la embarcaba nadie

No sabía leer ni escribir, pero con el dinero no se la embarcaba nadie. Cuando veía desde el muelle entrar a los barcos de cerco con la línea blanca de la proa del barco hundida, ya lo decía: "el barco viene petado". Y los viernes, día de la partija, estaba pendiente de que su yerno Miguel Ángel y su nieto José, que vivían en su casa y faenaban en barcos de cerco, no se gastaran el dinero de la soldada: había que aportar a la casa. Cuando entregaban la soldada, ella ya había calculado cuánto iban a ganar esa semana. Se dice que sabía más que el patrón del barco. No la podían engañar.

Las Nocheviejas de La Rajona

Las Nocheviejas en su casa eran especiales. Todos los años, Lola tiraba por la ventana los cuchillos, los tenedores, los cubiertos, los platos... hasta que un año tiró una televisión, que explotó al caer y parecía que nevaba. Luego, cuando se calmaba, mandaba a los nietos bajar a recoger los cubiertos.

Su nieta Vanesa recuerda cómo "El Susi" subía a casa de su abuela con la guitarra, y enseguida le animaban para que cantara. Se montaba la fiesta, todos se divertían y al bueno de Susi le ponían un plato en la mesa y, si se terciaba, una cama donde dormir.

Su sobrino "el Guati", siempre un guasón, cantaba a Lola esta coplilla:

"Si te quieres divertir y gastar poco dinero, vete a casa a La Rajona, que está en el Barrio Pesquero."
Lola y Pepe con sus nietos Jose, Victor y Vanesa
Lola y Pepe con sus nietos Jose, Victor y Vanesa.

Cuidó a medio barrio, tertulia vecinal y la Charanga

Además de su familia directa —cuatro hijos: Pepín, Irene, Eduardo "El Gordo" y El Titas—, Lola cuidó a nietos, sobrinos, yernos... a medio barrio: niños de vecinos que trabajaban, hijos de conocidos que necesitaban una mano.

Ya de mayor solía sentarse en los bancos de donde las pistas de futbito, junto a los vestuarios de la agrupación deportiva; se juntaba con la Milagros "la Paloma", la Cristeta, Carmina "la del Pinto"... y desde allí, sin moverse, lo veía todo.

Cuando había excursiones en el barrio —a la Aparecida, a Reinosa, a la nieve—, Lola se apuntaba: llevaba comida para ella y para un regimiento. También, durante unos años, se apuntó a la charanga del barrio, "Los Alegres": ella, con su pandereta, aportaba al espectáculo.

Lola con la Charanga Los Alegres
Lola con la Charanga Los Alegres, con su pandereta.
La Charanga Los Alegres del Barrio Pesquero
La Charanga Los Alegres del Barrio Pesquero, con Lola en el grupo.

«Le tenían que hacer un monumento»

Su nieta Vanesa lo resume mejor que nadie:

"Yo sé que soy del Barrio Pesquero porque lo llevo por bandera. Y me dicen: «¡A tu abuela tenían que hacerla un monumento en el Barrio Pesquero!»"

Lola falleció hace muchos años, un 16 de diciembre. Su marido Pepe, dos meses más tarde. Pero mientras haya quien cuente lo de la hoguera de San Juan, lo de la televisión en Nochevieja o lo de las redes de «El Barquereño» llenas de caloca, "La Rajona" seguirá viva en la Plaza de Muergo, viva en la memoria del Barrio Pesquero.

La memoria sigue viva

En las fiestas del Carmen de 2026, tres mujeres del barrio se reencontraron: Vanesa, nieta de Lola; Irene, su hija; y Lolis, la madre de quien os escribe. No somos familia de sangre pero como si lo fuéramos: el Titas, hijo pequeño de Lola, era el padrino de Pedro, el pequeño de Lolis. Procuramos quedar todos los días 15 de julio, víspera del día del Carmen; nos juntamos un buen rato, este año además de Irene y Vanesa vino Jose y Miguel Ángel. Nos ponemos al día de cómo estamos y recordamos a los que ya no están: anécdotas, vivencias, alguna tristeza... y sobre todo los recordamos a ellos, a Lola, a Pepe, al Titas... Mientras nosotros los recordamos, ellos siguen presentes.


📖 Serie «Las Huellas de Sotileza» Esta página forma parte de una serie que recorre los personajes de la novela Sotileza de José María de Pereda y las historias reales de las calles que llevan su nombre en el Barrio Pesquero de Santander.

Autor: José Mario Graña, a partir de los recuerdos de la familia (Vanesa, nieta de Lola), de su madre y de las vecinas del barrio.

Mil gracias a la familia de Lola "La Rajona" y especialmente a su nieta Vanesa: sin ella, esta historia no se hubiera podido contar.

Fotografías:
- Aportadas por Vanesa y familiares de Lola.
- Archivo de Mario y Lolis.
- Grupo de Facebook de imágenes del Barrio Pesquero creado por Roque Videchea.