Hay personas que se llevan el barrio en el corazón, vivan donde vivan. Elisa (Campela) es una de ellas. Desde Tenerife, donde reside desde hace años, sigue manteniendo viva la llama de un Barrio Pesquero que no olvida.
Y cada año, cuando llegan las fiestas del Carmen, ella vuelve.
No hay fecha más señalada para los que se fueron y para los que se quedaron. La Virgen del Carmen es el imán que junta a los barrios enteros en torno a su procesión, su desayuno, su marmitaco. Es el momento del año en que las calles del Barrio Pesquero se llenan otra vez de abrazos.
Elisa lo explica mejor que nadie:
Son apellidos que el barrio reconoce al instante. Familias enteras que crecieron entre la Plaza de los Cabildos, la calle Tío Tremontorio y el paseo marítimo. Gente que compartió juegos en la calle, tardes en la plaza y la vida entera en pocas manzanas.
Lo más bonito del testimonio de Elisa es que la llama no se apaga. Las nuevas generaciones han recogido el testigo:
Los hijos de aquellos que jugaban en la calle son ahora los que mantienen el ritual. Caminar a Revilla, compartir la comida en cualquier casa con las puertas abiertas, madrugar para la procesión. Las formas cambian, pero el fondo sigue siendo el mismo.
Elisa lo deja claro: no es solo fe. Es unión. Es reencuentro. Es amistad para siempre.
Eso es el Barrio Pesquero. Un lugar del que cuesta irse, y al que siempre se vuelve.
Elisa vive en Tenerife. Pero cuando vuelve al barrio, vuelve a casa. Porque el Barrio Pesquero no es solo un sitio en el mapa. Es la gente que lo hizo, lo hace y lo seguirá haciendo.
📸 Fotos cedidas por Elisa (Campela) con permiso para publicar.
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