Laredo
Hipotecó su Casa de Ventas, la lonja donde se subastaba el pescado, y su Tahona, la panadería comunitaria de la Cofradía.
Historia del Barrio Pesquero
Una historia de solidaridad entre pescadores · 1942
2 de septiembre de 2026
Recordando los viejos pactos de apoyo entre las villas marineras —como los de la Hermandad de las Marismas—, en 1942 varias cofradías de Cantabria unieron sus garantías para que la Cofradía de Pescadores de Santander pudiera conseguir el crédito necesario para iniciar el proyecto del Barrio Pesquero.
La dificultad era enorme. En 1942, el Instituto Nacional de la Vivienda organizó la financiación mediante anticipos y un préstamo, pero la Cofradía de Pescadores de Santander no tenía por sí sola los recursos ni las garantías suficientes para afrontar aquella operación.
El proyecto exigía una aportación inicial del 10%. El Instituto Social de la Marina concedió una subvención a fondo perdido y la Cofradía de Pescadores de Santander solicitó además un crédito de 659.685,90 pesetas a la Caja Central de Crédito Marítimo.
Para que aquel crédito pudiera salir adelante, la Federación de Pósitos, Gremios y Cofradías de Pescadores de Cantabria y varias cofradías vecinas pusieron sus propios bienes como garantía. No fue una ayuda simbólica: cada puerto comprometió una parte de su patrimonio y de sus medios de vida.
Hipotecó su Casa de Ventas, la lonja donde se subastaba el pescado, y su Tahona, la panadería comunitaria de la Cofradía.
Puso en riesgo su propia Casa de Ventas de pescado, el centro de comercialización de su flota.
Entregó como aval un edificio de su propiedad situado en la calle Ardigales, 14.
Terminó avalando con sus propias embarcaciones de propiedad comunal: los Pósitos 3, 4, 5 y 6.
La documentación muestra así una solidaridad concreta. Laredo, Colindres y Castro-Urdiales comprometieron edificios; Santoña llegó a poner como garantía las embarcaciones con las que sus pescadores salían a la mar.
El crédito no era un regalo. La Cofradía de Pescadores de Santander tuvo que devolverlo junto con sus intereses, mientras las familias que recibían las viviendas pagaban sus rentas y la organización de los pescadores asumía la responsabilidad de ir amortizando la deuda.
La operación se terminó de amortizar en 1956. Entonces pudieron cancelarse las garantías que habían puesto en juego las cofradías hermanas. Los bienes de Laredo, Colindres, Castro-Urdiales y Santoña habían servido para que Santander pudiera dar el primer paso.
Cuando recorremos hoy el Barrio Pesquero, también recorremos la huella de aquel pacto entre puertos: una parte de su historia se construyó con la solidaridad de otras comunidades pesqueras de Cantabria.