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🍩 Churrería de Inés

La esquina dulce del Barrio Pesquero — Domingo 28 de junio de 2026

Interior de la Churrería de Inés, con Inés despachando y Manolo ayudando

Inés despachando churros y su marido Manolo echando una mano.

Quien nos cuenta esta historia es Inés, la hija de Inés y Manolo. Tenía unos siete años cuando sus padres abrieron la churrería a mediados de los sesenta, y sus recuerdos de aquella época son los que dan vida a este relato. Antes de la churrería, sus padres habían tenido otro negocio: un bar que regentaron durante unos años en otro local del barrio, se lo alquiló la señora Alianza cuenta Inés. Se refiere al local que años más tarde pasaría a manos de Lupe y Valentín para crear el Restaurante La Chulilla.

De aquel bar, Inés y Manolo, pasaron a la churrería en la esquina de Marqués de la Ensenada con Tío Mechelín, y ahí fue donde el barrio los recordaría para siempre.

Exterior de la churrería de Inés, pegada al comedor del Mesón El Pescador - Chaquino

La churrería de Inés pegada al comedor del Mesón El Pescador — Chaquino.

Inés Arques, "La churrera", era el alma del negocio. Se encargaba de casi todo: atender, despachar, llevar la cuenta. Su marido Manolo Zorrilla tenía una vida partida en dos: de lunes a viernes era pescador, salía a faenar, trabajo duro en la mar. Los fines de semana, o en las épocas en que no se podía ir a la mar, se ponía el mandil y se encargaba de hacer la masa, y cuando el trabajo apretaba, ayudaba a despachar. Marido y mujer, mar y churros.

La churrería era un éxito. La gente recuerda cómo estaba a tope los fines de semana, y su hija Inés indica que no era solo gente del Barrio Pesquero: venían clientes de todo Santander. El boca a boca había funcionado, y la fama de los churros de Inés había cruzado los límites del barrio.

La churrería pasando a ser también quiosco de helados y chuches, cartel de Avidesa

La churrería pasa a ser también quiosco de helados y chuches.

Con el paso de los años, Inés además de los churros fue transformando el negocio en un quiosco de helados y golosinas. El local fue cambiando su fisonomía: una estructura de piedra, más de quiosco. Vendía helados de la marca Avidesa, muy popular entonces. La esquina seguía siendo punto de encuentro, pero ahora el olor a churros iba dejando paso a los polos y los cucuruchos.

La calle Marqués de la Ensenada, con el bullicio de tiendas y vecinos

La calle Marqués de la Ensenada se va transformando en lo que es actualmente.

La esquina de Marqués de la Ensenada con Tío Mechelín era un hervidero de actividad. La calle era de paso constante de vecinos, de los niños que querían golosinas, turistas buscando mesa para degustar unas sardinas a la brasa o una buena paella de marisco. En medio de ese ir y venir, el negocio de Inés —primero como churrería, luego como quiosco— era un alto en el camino.

Los últimos años del local ya como quiosco, con su estructura de piedra

Últimos años ya como quiosco.

En los años 80 Inés y Manolo echaron el cierre y llegó el Chiringuito Los Alegres. Tere y Papi decidieron crear un chiringuito y servir los mejores perritos y hamburguesas. Punto de reunión para las gentes del barrio, y así sigue actualmente con la familia Ibaseta al frente. Una misma esquina, tres negocios —la churrería, el quiosco, el chiringuito—, décadas de historia del barrio condensadas en pocos metros cuadrados.

Muchas gracias a Inés hija, que nos ha contado esta historia. Ahora muchos sabemos que en la esquina de Marqués de la Ensenada con Tío Mechelín estuvo la Churrería Inés, donde elaboraban los mejores churros de Santander.

¿Os acordáis de los churros de Inés?

Chiringuito Los Alegres actualmente, en la misma esquina de Marqués de la Ensenada con Tío Mechelín

Chiringuito Los Alegres actualmente.

📸 Fuentes fotográficas:
1. Archivo personal de la familia Graña y Pérez.
2. Fotografías cedidas por Inés, hija de Inés y Manolo. Muchas gracias por tu inestimable ayuda.
3. Grupo de Facebook "Fotografías Barrio Pesquero Santander", creado por Roque Videchea.
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