La caseta y el salto
Hay fotos que guardan mucho más que un salto. En esta, Colas está en el aire después de lanzarse desde la caseta del cuadro grande; Jose «El Rajón» es el que está sobre la caseta mirando, solo falta Jose «El Cris» para completar la terna de los más atrevidos del barrio. Esta es de esas escenas que, para quien creció allí, no necesita explicación.
Aquel día se acercaron unos turistas y se quedaron mirando cómo se tiraban los chavales desde la caseta. Colas y Jose «El Rajón» estaban allí. Uno de aquellos turistas quiso hacerles una foto tirándose de la caseta, lógicamente los «artistas» dijeron que sí. El turista se puso en el lado del muelle que está donde el surtidor de gas-oil, con las escalerillas de frente. Una vez hecha la foto, los turistas pidieron a Colas la dirección para enviársela después por correo desde su ciudad. No había móviles, ni whatsapp, ... por correo postal llegó la foto a mi casa.
En la imagen, Colas se confunde con el paisaje. Por eso el fotógrafo dejó una flecha y escribió: «estás aquí». Y ahí sigue, suspendido en el aire, en una foto que guarda una manera de pasar el verano en el barrio.
Dos cuadros, dos mundos
Había dos sitios. El cuadro pequeño, con la rampla, era para los pequeños: los que acababan de aprender a nadar o los que todavía no sabían. El rincón seguro. Si te pasabas el cuadro pequeño, nadar desde la rampla del barrio a la otra orilla en Marqués de la Hermida, ya estabas listo para pasar a las «Escalerillas», al cuadro grande.
El cuadro grande era para los mayores, los que nadaban bien. Y en ese cuadro grande, un punto mítico: la caseta. Estaba bastante alta, y tirarse de ahí ya era cosa seria —solo los más osados se tiraban de cabeza. Subirse a la caseta también tenía su dificultad, no todos podían.
«Señor, tire una moneda y la buceo».
Los chavales del barrio también hacíamos de raqueros cuando los turistas que iban a los restaurantes a comer se pasaban a ver el puerto pesquero y se topaban con un montón de chavales y chavalas dándose un chapuzón en las escalerillas. Solían tirar un duro, algunas veces un cinco duros, lanzaban las monedas y ahí íbamos todos a bucear, si la tiraban «a fuera calo» era más difícil.
El baño en la rampla o en las escalerillas era mucho más que eso: era la escuela de verano, el plan de toda la vida, la primera vez que te tirabas de cabeza.
La otra vida del cuadro
En las fiestas del Carmen, el cuadro grande no era solo el sitio de los baños. Cuando llegaban las fiestas del Carmen, la comisión de fiestas usaba el cuadro grande como lugar para los «juegos acuáticos». Había competición de bateles, o de botes, también estaba el palo ensebao y la suelta de patos. Los de la comisión, desde una motora, soltaban patos y la chavalada se tiraba al agua desde las escalerillas a por ellos. En la foto están mi hermano Colas y Jose «El Cris» que tenía un pato agarrado.
Hoy el cuadro ya no es lo que era, ha cambiado mucho. Ya no hay suelta de patos en las fiestas, hay pantalanes con barcos de recreo que ocupan parte del cuadro, las escalerillas están muy deterioradas, no está la caseta, incluso han puesto un cartel de prohibido el baño pero los niños, jóvenes y adultos del barrio se siguen bañando en las «escalerillas».
Bañarse en el cuadro no era solo nadar: era crecer en el barrio.
Hay muchas más anécdotas, ¿Te has bañado en las escalerillas? ¿Te tiraste alguna vez desde la caseta? ¿Cruzaste el cuadro grande alguna vez?
📖 Las Huellas de Sotileza
Tío Tremontorio — El último gran mareante
El marinero gigante de Pereda que da nombre a la calle donde están las Escalerillas.
Imagen: recreación con IA.
1. Colas tirándose desde la caseta. Fotografía aportada por Mario.
2. Colas y Jose «El Cris» en el cuadro grande. Fotografía aportada por Mario.
3. Las escalerillas, este verano. Fotografía aportada por Mario.
Memoria oral
La suelta de patos durante las fiestas del Carmen procede del recuerdo de Mario.