Vecinos del Barrio Pesquero. Detrás de cada apodo hay una persona, una casa, una historia.
En el Barrio Pesquero hubo siempre gente a la que casi nadie llamaba por su nombre completo. Bastaba un apodo —El Norte, La Chulilla— y todo el mundo sabía de quién se hablaba.
A veces venía por una forma de ser; otras, por una anécdota, por la familia, por el oficio o simplemente por cómo te iba bautizando el barrio con los años.
Los apodos eran casi otra manera de hacer vecindad. Bastaba decir uno de esos nombres de toda la vida y detrás venían una persona, una casa, una escalera, una historia y hasta una forma de estar en el mundo.
En barrios como el nuestro, los apodos también son memoria. Cuando se pierden, no se pierde solo una palabra: se pierde una forma muy nuestra de reconocernos. Y con ella, una parte pequeña pero valiosa del alma del barrio.
¿Qué apodos recuerdas del Barrio Pesquero?
📸 Foto: Vecinos del Barrio Pesquero.
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